Mamá se va por la sombra

Llevaba una semana viendo cosas rara en er comportamiento de mi madre. Veía en su mirada una lasivia hasia er seso masculino que me tenía preocupao. Andaba por er barrio mordiéndose el labio inferió (de la boca) y con los ojo asín como entreserrao, como un animá en selo. Esa cara de guarrona me tenía nervioso, la veía entrá en er bate, escuchaba como abría er grifo der bidé, y no quiero imaginármela disfrutando cuando er chorro le pegaba en er gato de angora, pero salía de allí con una sonrisita que me daba hasta fatiga.

El otro día no pude resistí la tentasión de descubrí qué pasaba y entré en su dormitorio, abrí er cajón de la mesita de noche y encontré al responsable de la calentura desmesurá de la vieja. Se está leyendo las ‘Cincuenta sombras de Grey’, que por lo visto é un libro sesuá que ha escrito una inglesa y que tiene a medio mundo femenino partiéndose er papo. Ella, que desde que mi pare se fue a por tabaco no ha conosío a otro hombre, ha empesao a frecuentá el hogá der pensionista y se va a los baile eso que se dan allí los fine de semana. Yo siempre he sio un defensó der seso libre, pero pensá en mi mare hasiéndole un mamaso a un impotente sorterón setentero o pegándose un refregón con un viudo jarto viagra supera mi modernismo pogresista y liberá en el ámbito der fornisio.

Ella se siente la Anastasia Steele der cruse der Morro, pero menterao que la llaman la Orvido Hormigo del Imserso. Sus costumbre alimentisia también han cambiao, el otro día me mandó ar puesto de la Maribé a comprá un pepino, un nabo, una berenjena… Todos los producto der mercao con forma fálica (forma de polla, pá entenderno) es lo que compra mi mare ahora. Luego tó lo que cosina me sabe a humedá y no me da mucha confiansa. Así llevo una semana comiendo bocadillo mortadela y porque la compra cortá a rodaja sino tampoco me la comía (la mortadela digo).

Ayé por la tarde ya fué er cormo de la asquerosidá, llegué de tomarme un par de servesita en er carrillo y al entrá por la puerta sentí ruido en su dormitorio, me aserqué y pude oí una conversasión que me dejó perplejo. Mi madre gritaba: ¡Pepe, siete, nueve, dosiento setenta, siete, nueve, dosiento setenta! A mi me estrañó cuchá a mi madre gritá una sifra matemática que paresía que también había estao viendo ‘Perdidos’, y abrí la puerta con disimulo. Allí estaba mi mare en pelota viva desparramando pellejo por toa la cama y gritando ¡siete, nueve, dosiento setenta! Er Pepe, que no entendía lo que desía le colocó la dentadura y ahora si lo escuché claro: ¡Pepe, si no te mueve, no siento que entra!

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Manolito

Soy una persona humana como otra cualquiera, con sus virtudes y sus defectos. Estudié poco, trabajé menos y tras un percance que no viene al caso me concedieron la invalidez absoluta. Desde entonces dedico mi vida a dar clases de filosofía en el kiosko del barrio. Sin mas preámbulos

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