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The Lost Plane

Manolito Lander Bräu and colegas (Dibujo: Vicente Álvarez)El otro día viendo las notisia me quedé helao. Ha vuerto a pasá… Lo del avión digo. Esta vé ha pasao por Malasia. Sólo le pido a dio que tengan tantas fuerza y gana de sobreviví como tuvimos nosotro. Y es que resulta de que eso ya me pasó a mi, a mi y al Flequi, y a má gente que íbamo en ese mardito avión que nunca se me orvidará. La historia comiensa con un viaje pa ve al Madrí organisao por Viajes Trujillo que me tocó en la radio. De acompañante me llevé ar Flequi y cogimo el avión en Málaga. En mitá der vuelo y cuando la cosa iba tranquila el aparato empiezó a perdé presión y a desendé má rápido que er Beti. Yo pensé que no salíamo vivo, y luego ya no pensé más ná porque perdí el conocimiento, al iguá que el Flequi, lo que pasa é que él todavía no lo ha podío recuperá. Cuál fue mi sorpresa cuando nos dispertamo en una isla desierta, o eso paresía…

El paisaje era desoladó, trosos de chatarra del avión dispersao por tos laos, gente hería, gente toavía en el agua agarrao a un leño… Tuve que hacerme con las rienda de la situación. Como una vé hise un cursillo de primero auxilio que me obligaron en el Inem, me sentía con er debé de ayudá a los demá, asi que como pude fui corriendo de un sitio a otro salvando y curando a la peña. Al fin, todos los superviviente estábamo relativamente a sarvo.

Estaba yo; también estaba er Flequi que en esa época estaba tor día con los canuto y tenía guardá una bola tó gorda en er borsillo, con el paso de los día me di cuenta que se escondía entre las rama pa fumársela él solo; también sobrevivieron dos chino, que resurtaron sé la Lili con su novio; y sobrevivió la Maribé, que no se cómo ni por qué pero también iba en el avión, con el pelo un poco mas risao y lo ojo un poco má asule pero estaba allí; y había un guapera rubio que no sé de donde salió, seguramente era de Argesira, me cayó mal desde er prinsipio, primero por sé de Argesira y segundo porque no le quitaba el ojo a la Maribé; y me encontré con Pacorro que por obra de la caída o de no se sabé por qué allí no necesitaba la silla de rueda; había un gordo que trabajaba en la Crú Roja que le habían tocao los siego hasía unos día; y se salvaron dos hermano asín con pinta de pijo que serían der sentro; y por último creo recordá que había dos o tres negro, que serían de Melilla.

La cosa é que sin haberme nombrao nadie yo me convertí en el líder indiscutible de los superviviente, fuera por mi gran carisma o por mi superió capasidá intelestuá, resurta que to er mundo me hacía caso a to lo que yo desía, y menos má, porque si no no habríamo podío sobreviví. Todo er mundo me hasía caso meno er guapera de Argesira, éste estaba envidioso y quería í de reberde pa impresioná a la Maribé. Todo iba bien, pasábamos los día tranquilo, menos cuando sartaba levante, que venía un humo negro que era malo malísimo. La cosa se empesó a poné difisi cuando Pacorro encontró una escotilla, y er tío ahí empeñao en abrirla, hasta que lo consiguió y ahí empesó tó a liarse.

Nos dimo cuenta que no estábamo solo, que estabán ‘los otros’, que yo desde er prinsipio sabía que eran de la chirigota de los Pére. Los otro hasían incursiones y  cuando podían se llevaban a alguno de los nuestro, imagino que pa tocá el bombo o pa lo que les hisiera farta. Pero no eran lo peó, lo peó era el humo negro que cada ve tenía más mala leche y Pacorro, que cada vé paresía que estaba más loco. Había que salí de allí, y de hecho muchos lo conseguimo, pero la isla te atrapa, no te deja escapá y te atraía, por eso tuvimos que volvé, y resurtaba que la isla por endentro tenía ruedesita de esa como la que le salen a los relojes de dentro cuando los desmonta. Totá, que un día me desperté y estaba en el velatorio de mi tía Carmen y todo vorvió a la normalidad. Eso sí, no me subo má en un avión.

Que Dio coja confesao a estos pobre der avión de Malasia. Solo espero que er guapera de Argesira fuera también endentro de éste, que se joda.

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Manolito

Soy una persona humana como otra cualquiera, con sus virtudes y sus defectos. Estudié poco, trabajé menos y tras un percance que no viene al caso me concedieron la invalidez absoluta. Desde entonces dedico mi vida a dar clases de filosofía en el kiosko del barrio. Sin mas preámbulos

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